La luz del día se filtraba por la ventana y allí se encontraba ella: una mujer perteneciente a la aristocracia cordobesa que había sido asesinada mediante la utilización de una técnica de asfixia mixta. El lazo de su bata había rodeado su cuello, y su cuerpo yacía sin vida entre la cama y la pared.
En primera instancia, un “perejil” del pueblo fue imputado como único responsable: un albañil que trabajaba en la casa de Nora Dalmasso, en el Country Club Villa golf. Sin embargo, a medida que la causa avanzó, el hijo de la víctima, Facundo Macarrón, y su padre, Marcelo, fueron investigados como posibles autores materiales.
La policía cordobesa rastrilló en variadas oportunidades la casa de Dalmasso en búsqueda de pruebas que resultasen comprometedoras y permitiesen la captura del asesino. Sin embargo, desde la mañana del hallazgo, la escena del crimen fue “contaminada” por agentes externos: familiares y amigos que dejaron sus huellas en la habitación, y un sacerdote nada impúdico que, shockeado por las imágenes que sus ojos contemplaban, cubrió al cadáver con una manta.
Cuatro años demoraron los resultados de los estudios genéticos encargados al FBI. Sin embargo, en lugar de traer paz a la familia Macarrón, sembraron más dudas alrededor del círculo íntimo: el ADN del viudo fue hallado en tres lugares de la escena del crimen, tales como la vulva de su esposa, las sábanas de la cama donde fue encontrada sin vida y, como agravante, en el cinturón de la bata que fue utilizado para estrangularla.
Estas pruebas derriban la coartada de Macarrón, quien aseguró desde el inicio que el fin de semana en que su esposa fue asesinada, se encontraba participando de un torneo de Golf en la ciudad uruguaya de Punta del Este.
Tras años de análisis y conjeturas, a la única conclusión a la que puede arribarse es que a Nora Dalmasso la mató su entorno: un poblado distinguido que vio en este crimen salir a la luz sus secretos más ocultos. Mentiras, engaños, fiestas swingers, drogas. Diferentes temáticas envolvieron al círculo íntimo de Norita, que se dio al silencio y sólo recuerda a su entrañable vecina cuando los diarios publican algún detalle de la investigación.
JAA
(1) En alusión al libro "Mía o de la tumba fría" publicado por Mauro Szeta, Liliana Caruso y Florencia Etchevés.


No hay comentarios:
Publicar un comentario